viernes, 26 de marzo de 2010

Título explicativo: H. ha sido contratado para seguir a Daniel Bustos. Un digno empleado de la Corporación de la Nada que ha entrado en una espiral negativa de rendimiento. En la Corporación de la Nada como buenos ecologistas se recicla el papel. El siguiente texto corresponde a la irrupción de un escritor desconocido en la parte de atrás de un informe del balance de eficacia de Bustos en los meses de Abril y Mayo del 2001.


Una brisa que viene como de abajo y roza unas manos mohosas que sujetan un cigarrillo que tiende hacia arriba. Una imagen que conmemora noches de insomnio en un edificio perdido en el medio de una noche silenciosa. El cigarrillo que acompaña a esos dedos que corresponden a una mano que se extiende hacia un brazo de un individuo que contempla la soledad de una ciudad abandonada por habitantes adormilados, hipnotizados. Elegir a uno de ellos, y no poder reanudarlo, ni darle forma. Una hoja acariciada por cenizas que se vuelan por el soplo de la sin razón y el tiempo. La incapacidad de escribir, la melancolía de las posibilidades indeterminadas y deshechas, mientras una canción, mientras una repetición en mi cabeza, conectada a estos cabellos sacudidos por la desprotección de paredes nunca construidas. “Que le habrán hecho mis manos, que le habrán hecho?”. La nostalgia de un amor perdido. Y yo también tiemblo bajo los designios de un dejo catatónico inexplicable e inexpugnable "para dejarme en el pecho tanto dolor". Homenaje desarticulado, de palabras que no se entienden. Y son las tres. Y ya es tarde, tan solo si la imagen de lo que no me dejaba entrever lo mismo que sonreían los que duermen, se siga haciendo difusa, menos apreciable. ¿De que me sirven las alas? Me las voy a quitar. Asimismo el individuo repita allá al fondo del precipicio observando al cigarrillo antes de dejarlo caer hacia arriba “como un pájaro sin luz”, una y otra vez/ Ha de haber días calurosos sin sol, o cielos azules de tormenta, vientos vacíos que no tocan nada, y silencios mojados en cámara lenta. Sinsabores absurdos, nombres de gente impecable, principios y finales que no significan, ni santifican, ni ruborizan, ni divierten. De eso puedo escribir al ritmo del desgano y de la ambición.

Erick Gonzalez

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